3 ene 2019

Adelina

Por aquel entonces todo el mundo se callaba las verdades.
Tome mi libreta y camine por la calle que llevaba al campo.
El día prometía buen tiempo así que emprendi un viaje relativamente corto, digamos que unos quince o veinte minutos a pie y caminando lento.
En el camino estaba la misma gente de siempre, las mismas miradas partidas de vivir, aburridas y cargando un peso invisible como si estuviesen condenados... Mis pasos se llenaban de rabia así que me apresure a alejarme de lo tóxico que resultaba mi pueblo.
Esa mañana estaba estrenando una camisa y un nuevo set que me había comprado varios días atrás en una feria de artesanos que visitaba el pueblo cada quince días.
La noche más cálida del año fue aquella en la que me topé con mis herramientas y la vendedora o artesana... O vendedora y artesana al mismo tiempo ya que me hizo un precio único e inigualable. Una propuesta que no pude rechazar bajo ningún concepto.
Claro que me encantaría hacer mis propias herramientas pero no tengo mano de herrero y creo que estaba bien valorar el trabajo de otro. Es mi humilde manera de contribuir con esta pobre gente que ha de viajar kilometros, visitando pueblo tras pueblo, comiendo y cagando quien sabe dónde... Así que imaginé que mi dinero sería de provecho.
Su nombre era Adelina, la mujer más hermosa que había visto jamás en todos mis años visitando la feria, era la primera vez que había notado su presencia.
Quizás primero vi las herramientas y luego a ella pero el orden de los factores es igual...
Me acerqué para preguntar y note que sus ojos eran de los más bonitos que había visto nunca.
Su mirada oscura y penetrante junto con una voz tan pero tan dulce me cautivaron a la distancia.
Ella vivía a unos cuarenta kilómetros de mi pueblo según me pudo contar y se había quedado viuda no hace mucho tiempo.
Su marido era también un joven artesano que fue convocado para la guerra y murió sin dar batalla porque enfermo a causa del frío de las montañas antes de llegar a destino.
De igual manera, lo dijo sin dolor en su alma... Como si todo estuviera superado.
Yo solamente pude sonreír con empatía porque me imaginé que era lo correcto de hacer.
Hablamos un poco mas y me marché con mis cosas.
Me adentre al bosque, se respiraba distinto... El aroma de los árboles, el agua que corría en un costado y el cantar de los pájaros... Era volver a mi infancia. Era retroceder en el tiempo.
Me sentí tan afortunado de estar ahí en ese momento, con mis herramientas y unos metros más adelante, en una colina... Adelina, que me esperaba así como ansiosa.
Pude sentir sus nervios en la distancia.
Habíamos concretado una cita y hoy era el día... Supuestamente ella debió llevar comida pero no vi mas que un pequeño manto donde estaba sentada.
El sol estaba en su punto más alto y nosotros bajo algunos árboles típicos...
Le pregunté si le había resultado difícil encontrar el lugar a lo que negó con la cabeza y sonrió.
Hablamos un poco más de una hora y note que sus tripas rugieron un poco. La mire con detenimiento y recogí unas fresas que había por ahí, cominos eso y bebimos del río.
Su mirada parecía tener secretos de tantas vidas y podía oler en su alma mil historias sin contar.
Su voz era como una canción de sirenas y tenia puesto un hermoso vestido violeta y sus pies descalzos.
Nos miramos como cuando se miran las personas antes de darse un beso y se acercó a mí para que la bese.
Mordí suavemente sus labios, toque sus hombros, sentí su perfume y cuando ella dejó de ser ella y pasó a ser una conmigo tome una de mis herramientas y la clave en su cuello pudiendo sentir como comenzaba a desangrarse mientras yo respiraba su último aliento.
Su piel se volvió pálida y sus ojos se perdieron en el tiempo...
El sol estaba descansando...
Me levanté y camine de regreso al pueblo, a ver a la misma gente aburrida del mundo para estar en casa y recordar aquel momento en el que en un beso ella se olvidó de ella para pensar en mí y se desvaneció en la nada...

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